Las palabras de Jesucristo son bien conocidas y nos encanta dejarlas solo en la Biblia, pero ¿qué con ellas cuando hay que vivir en un mundo tan diferente a aquel en que él predicó? En este blog se busca una aproximación a las palabras de Jesucristo desde la vida cotidiana postmoderna.
miércoles 26 de septiembre de 2007
La naturaleza del Padre
En los últimos días se difundió como pólvora la noticia de un senador estadounidense que demandó a Dios por causar catástrofes en el mundo. El titular me dejó poco menos que sin aliento y turbado de pensar hasta dónde ha llegado la impertinencia del ser humano y la incomprensión hacia la figura de nuestro Padre Celestial.
De acuerdo con la noticia, el hombre, que ha estado en el senado norteamericano desde 1970, demandó al Todopoderoso ante un tribunal de Nebraska por causar continuas catástrofes y daños en el mundo. Consciente de la imposibilidad de tener a Dios ante el tribunal (¡¡¡hasta dónde llega su impertinencia!!!), citó a sus "agentes en la Tierra", los representantes de las iglesias que hablan en su nombre.
Creo que este hecho debe causarle a Dios algo de preocupación (por ver el grado de desfachatez que puede alcanzar su creación) y mucha risa, oleadas de carcajadas que estremecen el cielo entero. Sin embargo, ya hablando entre nosotros, terrícolas, es preocupante ver lo poco que se comprende la naturaleza del Padre.
Dios es amor infinito e incondicional, irrestricto e ilimitado para todos los seres y todas las manifestaciones de su creación. Es tan magnífico y misericordioso, que sería incapaz de dañarnos un solo cabello, pues nos ama con un amor que jamás seremos capaces de comprender. Ya sé que muchos, entonces, me preguntarán que qué pasa con los pecadores, con los que no son salvos, con las catástrofes que ocurren en el planeta y con las situaciones oscuras que se nos presentan en la vida... en ese caso sólo me queda recordar una expresión que se nos olvida siempre: Libre albedrío.
¿Qué tiene que ver el libre albedrío en todo esto? Mucho. Dios nos puso desde el principio en libertad de actuar como quisiéramos. Nos dio la guía mediante su palabra, pero no nos obliga a seguirlo, el que se quiera perder puede hacerlo tranquilamente. Nosotros dañamos la Tierra, nosotros pagamos el costo.
Las catástrofes naturales, lejos de ser castigos divinos, se deben a dos cosas: manifestaciones naturales del planeta en que habitamos y la acción nefasta de la humanidad.
Con respecto al primer factor, los procesos de reacomodación de las placas tectónicas, la liberación de presiones internas y demás (recordemos que la Tierra es un ente vivo, no un pedazo de roca inerte que no hace nada), no son culpa de la Tierra, ni de Dios, ni más faltaba. Por tanto, si la tierra tiene que cumplir con sus procesos naturales, no es su culpa que ellos afecten a quienes vivimos sobre ella… ¿o es culpa de la Tierra que nosotros tengamos que comer y utilicemos su superficie para plantar nuestras cosas? ¿Es culpa de ella que tengamos necesidades fisiológicas y, finalmente, nuestros desechos físicos terminen, en muchos casos, en los ríos y enterrados en el bosque? ¿Ven que no?
En el segundo factor sí existe un culpable y somos nosotros mismos. Por tanto, resulta ridículo involucrar a Dios cuando hemos sido nosotros quienes deterioramos la condición del Planeta. Es incomprensible e insoportable la tendencia a culpar a Dios cuando nos equivocamos y se nos sale de las manos.
Recordemos esto, ahora y siempre: Dios es amor, AMOR, ni más ni menos, y el amor no castiga ni produce sufrimiento, esos nos los producimos nosotros solitos con nuestros actos.
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